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-Yo sé que tu lo hiciste. Yo sé que tu lo mataste.

¿Ah, sí? Decime dónde y cómo.

-Fue en el comedor con el candelabro. ¡Díganme si alguien puede contradecirme!

Nadie en la sala contestó.

-Entonces arriesgate a fijarte si es cierto. ¡Pálido, traé las cartas!- Le ordenó Isabela.

-¡¿Otra vez?!¡Ya es como la octava vez!- Se quejó el dragoncito, que estaba jugando con los otros dragones a pasarse una pelota. Lo que más le molestaba era que tenía que ir y venir caminando porque su ala seguía rota. Se subió a una silla, lanzó el sobre a la mesa y se fue corriendo.

Resulta que Mariano e Isabela se encontraban en la cabaña de Escamoso jugando una partida del "Clue" junto a Derek y Malcolm, dos hermanos que casi siempre andaban en el criadero ayudando con alguna tarea. En el otro extremo de la habitación se encontraban sus dragones, Plateado, Bigotes, Pálido y la Tramphocico de los hermanos, Mavipola, jugando con una pelota de tenis al calor del fuego de un hogar.

Derek, el hermano menor, agarró el sobre y se fijó en las cartas.

-¡Ja!¡Volví a ganar!- Dijo alegre. Mariano y Malcolm abandonaron el juego. Todas las partidas las habían ganado o Derek o Isabela y ya se estaban aburriendo.

-¿Hasta cuándo nos tenemos que quedar acá?- Preguntó Mariano, mirando cómo la luz de la luna se filtraba a través de las ventanas trabadas con tablas- Ni siquiera podemos abrir las ventanas un poco.

-Hay que quedarse hasta que pase el "peligro"- Le contestó Derek- Hoy regresa el Pesadilla Voladora a la isla. Para mí es que no quieren que alguien intente atraparlo.

-¿Y si la Pesadilla decide salir del bosque y atacar los edificios?- Dijo su hermano un poco preocupado- Escamoso dijo que tenía asuntos que atender. Quizá ese asunto es evitar que la Pesadilla Voladora salga del bosque.

-Eso es imposible- Le refutó Isabela- El Pesadilla Voladora entra y sale de la isla siempre siguiendo el curso del río. No hay registros de que alguna vez se haya alejado de su curso.

Malcolm no contestó, pero tampoco se tranquilizó.

De todas formas, fuera cual fuera la razón que creyeran, la realidad era que estaban encerrados en una cabaña en la entrada del bosque, esperando escuchar la señal de que el supuesto peligro ya había pasado.

Después de largo tiempo sin hacer nada, Derek propuso escaparse un rato para ir a ver al Pesadilla Voladora. Solo Isabela pareció entusiasmarse con la idea. Para convencerlos, Derek les dijo que podrían llevarse unos rifles de dardos tranquilizantes por si el dragón los ataca.

-Siento que me voy a arrepentir- Dijo Mariano- Pero voy con ustedes.

En realidad era que no quería dejar a su prima sola con Derek. Malcolm también aceptó, pero con la condición de que Mavipola también fuera.

-¡Hey!¡No se olviden de nosotros!- Gritaron Plateado y Bigotes, que se sumaron a sus entrenadores. Pálido en cambio prefirió quedarse. Ya había tenido suficiente con todo lo que pasó en el lado más frío de la isla. Mariano no tuvo problemas con eso. De todas maneras pensaba pedirle que se quedara cuidando la casa.

-Bueno, ¿vamos?- Preguntó Derek con ansias.

Entraron a una sala que parecía una especie de bodega llena de muebles, algunos con libros, otros con decoraciones y otros que no dejaban ver su contenido. Fue de uno de estos muebles de los que Malcolm sacó los rifles de dardos tranquilizantes, y de otro donde Derek sacó unos botiquines de primeros auxilios por las dudas. Una vez que estuvieron bien preparados, levantaron una puerta escondida en el suelo del centro de la habitación.

Debajo del suelo había un agujero de Muerte Susurrante, no muy grande, pero lo suficiente como para que Mavipola, que era la dragona más grande, pudiera pasar. Los jinetes se montaron en sus dragones y descendieron, primero los hermanos y su Tramphocico, luego Isabela y Bigotes, y por último Mariano y Plateado que volvieron a tapar la entrada.

El lugar estaba oscuro pero pronto se iluminó cuando Malcolm encendió una bengala, de las que siempre traía, dejando ver un larguísimo túnel con cientos de bifurcaciones, pero muy bien señalizado.

-¿Cómo sabían de estos túneles?- Preguntó Mariano.

-Nosotros llevamos más años en esta isla- Le respondió Derek- Un día explorando encontramos esta red de túneles y terminamos en las granjas. Aparentemente no muchos saben de estos túneles. Creo que el personal los usa de atajo.

Los dragones y sus jinetes fueron avanzando, siempre siguiendo los carteles que decían "A la bahía Corazón Negro", la desembocadura del río anguila. Recorrieron los caminos por media hora, más o menos, hasta que llegaron al origen de los túneles; una enorme cueva con una salida hacia una playa rocosa.

Al salir volando de la cueva hacia la superficie, los jinetes vieron una de las cosas más asombrosas que alguien pudiera ver: el río, la bahía y una gran estela en el mar brillaban con un hermoso color azul celeste.

-¡Miren!¡El agua está llena de algas!- Exclamó Derek, que había saltado de su dragón a la orilla del río para examinar el agua. Luego sacó una para verla mejor.

Luego de verla de varios ángulos, Derek tiró el alga al agua y volvió a montarse en Mavipola. Su hermano le preguntó qué le pasaba, al ver que abría y serraba la mano. La sustancia del alga le había dejado la mano un poco rígida, pero no era nada grave.

-¡Sigamos río arriba!. Propuso Isabela entusiasmada, mientras señalaba una luz fantasmal que revoloteaba a lo lejos- ¡Quiero ver al Pesadilla Voladora!

Nadie se opuso. Todos querían ver al dragón, así que subieron río arriba.

Mientras tanto en la cabaña, el suelo estaba cubierto de adornos rotos, en la heladera no había más que restos y en un almohadón todo rajuñado cerca del fuego estaba Pálido acurrucado. No estaba dormido, pero tampoco estaba atento a su entorno, por lo que no notó los ruidos que había afuera.

Eran como rugidos ahogados y era posible distinguir por lo menos dos criaturas produciéndolos.

Pálido no se dio cuenta de que había algo afuera hasta que empezó a oír arañazos en la puerta trasera. No les prestó atención, pero pronto comenzaron a ser golpes. Y no solo en la puerta trasera, sino también en la ventana de la cocina. No hizo más que levantarse cuando dos Skulliones, hinchados y con espuma en la boca, entraron de golpe.

La primera reacción del dragoncito fue meterse en el hogar, aprovechando su resistencia al fuego, y cerrar la reja, aunque la venda de su ala sí se quemó. Los dos Skulliones, escupiendo espuma a todas partes, no tardaron en llegar hasta donde se escondía pálido, a pesar de que venían peleándose entre ellos. Pegaban arañazos a la reja, pero les costó romperla ya que sus garras más grandes y afiladas habían sido cortadas. Pálido trepó por la chimenea, cada vez más alto, ya que los dos furiosos dragones intentaban atraparlo usando sus largas lenguas de fuego.

Pálido nunca sabrá cuánto tiempo pasó en la chimenea debido al paralizante miedo que lo obligaba a mantenerse aferrado a las paredes. Ni siquiera se dio cuenta de que los Skulliones habían dejado de intentar atraparlo.

Ya hacía mucho rato que los jinetes seguían el luminoso camino, y a medida que se acercaban podían notar que el Pesadilla Voladora volaba haciendo un amplio zig-zag, como si buscara o persiguiera algo por el bosque sin querer alejarse del río. Pero eso no era lo único anormal; los dragones también se encontraban un poco nerviosos. Cuando Mariano e Isabela le preguntaban a los suyos ellos respondían que simplemente tenían un mal presentimiento. Dicho presentimiento al final terminó cumpliéndose.

Como a la media hora de caminata, se escuchó un espantoso rugido e inmediatamente apareció un Skullion del otro lado del río. El primer reflejo de los jinetes fue alejarse lo más rápido posible, ya que el dragón estaba muy lejos. Sin embargo, pronto tuvieron que preparar los rifles; el Skullion había cruzado el río de un prodigioso salto.

No importaba qué tanta puntería y práctica tuvieran, los jinetes no podían atinar ni un solo disparo, y los dragones ya estaban cansados de esquivar zarpazos. La mejor solución que encontraron fue alzar vuelo y huir. Pero aún así el Skullion los seguía muy de cerca.

En uno de los saltos que pegó, fue capaz de aferrarse a la cola de Bigotes con su lengua de fuego. El pobre Metamórfala perdió el control de sí mismo y comenzó a aletear con más fuerza, escupiendo ácido para todas partes. Algo de ácido salpicó al Skullión, pero este pareció no sentirlo. Entonces, instintivamente, Bigotes voló en dirección al bosque, cruzando el río y arrastrando al Skullion que seguía enganchado de su cola.

-¡No, no los sigas!- Ordenó una voz que se acercaba rápidamente, al ver que Mariano y Plateado iban a perseguirlos. En un segundo ya estaban ante ellos Escamoso montado en el Pesadilla Voladora. Los hermanos intentaron preguntar algo pero Escamoso rápidamente los interrumpió.

-Más tarde les explico. ¡Ahora vayan a un lugar seguro!- Les ordenó- Yo iré a buscar a Isabela y Bigotes.

Derek y Malcolm salieron inmediatamente volando hacia los túneles. Mariano, en cambio, se negó y salió volando hacia el bosque. Entonces Escamoso sacó un radio.

-¡Estén preparados!- Ordenó- El Skullion se dirige a la cueva, persiguiendo a una chica en un Metamórfala descontrolado. Detrás van un chico en un Dragón Cascarrabias y yo en el Pesadilla Voladora.

-¡Entendido!- Le contestó una voz del radio- Atraparemos al Skullion antes de que lastime a alguien.

Escamoso volvió a guardar el radio y, en una ágil pirueta, la Pesadilla Voladora recogió y tragó un buen bocado de algas y salió volando a toda velocidad hacia el bosque.

Bigotes volaba y volaba por el bosque. No mu lento porque estaba aterrado al punto de solo pensar en huir. No muy rápido porque el Skullion era como un ancla, a pesar de que no podía ponerse de pie y oponer toda la resistencia que podía por el terreno tan irregular. Isabela intentaba tranquilizar a su dragón, aunque era inútil.

-¡Isabela!¡Isabela!- Gritaba Mariano desesperado mientras se acercaba rápidamente en su dragón.

-¡Mariano!- Contestó Isabela con alegría al verlo- ¡Ayudame que no puedo calmar a Bigotes!

Plateado se acercó hasta estar a la par del Metamórfala.

-Subite- Le ordenó su primo extendiéndole una mano.

Era un salto difícil porque Bigotes no paraba de aletear, Plateado debía mantener cierta distancia para no chocar y ambos dragones tenían que esquivar cientos de árboles.

La chica ya se había preparado, y en el momento en que saltó, un Pesadilla Monstruosa la agarró por los brazos y la soltó en la montura de Plateado.

-Es un salto muy peligroso como para hacerlo sin ayuda- Le había dicho su jinete, uno de los guardias de la academia. Viéndolos con más detalles, él y su dragón usaban máscaras de gas, y traían también una red. A continuación les ordenó: "Vayan a un lugar seguro. Vamos a tirar gas somnífero", y señaló hacia arriba, a su compañero montado en un Tifómerang, también enmascarados, que traían una jaula de plomo y vidrio anti balas.

A Isabela no le gustaba la idea de abandonar a su dragón, pero no tenía opción. Plateado se alejó volando en dirección a la cabaña, entonces surgió una nube de humo en el bosque. No hubo ningún inconveniente en el viaje, aunque en un movimiento brusco, Isabela se resbaló del dragón y cayó en una laguna que había en una especie de cueva sin techo. No sufrió ninguna herida grave ya que Plateado no volaba muy alto y el agua ayudó a amortiguar la caída. Pero terminó con un horrible dolor de espaldas ya que cayó sobre algún objeto. Estaba cubierto de moho y algas, pero estaría mal decir que era una piedra, ya que hizo un sonido hueco al recibir el impacto. A Isabela le dio curiosidad, pero no había tiempo para pensar en ello.

Cuando llegaron a la cabaña se encontraron con la puerta trasera y la ventana de la cocina destrozadas. En la sala estaban los dos hermanos y su dragona inspeccionando un par de Skulliones muertos. Ni Derek ni Malcolm creían que llegarían tan rápido, o en el peor de los casos, creían que podían haber muerto.

-Menos mal que decidimos salir, ¿no?- Dijo Malcolm con una sonrisa nerviosa. Isabela asintió.

Mariano entonces se acordó de Pálido. Rápidamente trajo un balde con agua para apagar el fuego del hogar. Tras correr a los Skulliones y apagar el fuego, se introdujo a gatas por el estrecho lugar.

Al mirar hacia arriba por la chimenea vio que Pálido estaba casi en la sima, aferrado con todas sus fuerzas a las paredes. Lo llamó un par de veces pero el dragón ni se inmutó. Parece que se iba a quedar ahí hasta quedarse sin fuerzas. Mariano, entonces, le pidió a Plateado que intentara bajarlo desde arriba. Mientras, Isabela y los hermanos fueron a investigar el resto de la cabaña para ver cuántas habitaciones más estaban destrozadas.

-Hey- Llamó Derek a Isabela, antes de que entrara en la cocina- ¿Cómo sabían que la puera tracera estaba destrozada?

-No lo sabíamos- Gritó Mariano desde el living, antes de que su prima pudiera decir algo. Se escuchó un agudo rugido junto al ruido de algo que bajaba por la chimenea- Tenía pensado patear la puerta a lo peli de acción.

Los tres simplemente pusieron cara de póker y siguieron investigando la casa.

La cocina estaba hecha un desastre; la heladera abierta, restos de comida por todas partes, un agujero enorme donde debería estar la ventana, todo lleno de escombros. Sin embargo, las habitaciones de arriba y la mayoría de las de abajo estaban intactas.

Una vez hubieran terminado de inspeccionar todo, Isabela y los dos hermanos volvieron al living donde estaban Mariano, Plateado y Mavipola tratando de tranquilizar a Pálido.

-Pálido, ¿qué pasó mientras no estábamos?- Le preguntó su entrenador ni bien se calmó un poco.

-¡¿Yo qué sé qué pasó?!- Contestó el dragoncito, todavía nervioso- ¡Para cuando me dí cuenta tenía a dos dragonazos rabiosos tratando de comerme vivo!

-Esa fue una pregunta estúpida- Dijo Derek- Me parece obvio que los dos Skulliones entraron por la puerta trasera y la cocina solo para cazarlo.

-Bueno, capaz que pasó algo más- Le contestó Mariano, un tanto irritado. -¿Y qué más podría pasar?- Le preguntó Derek con tono soberbio.

-¿Yo qué sé? Muchas cosas pueden pasar en esta isla- Le respondió ya enojado- A nosotros nos sorprendió un Skullion en el bosque.

-¿Y si mejor nos ponemos a limpiar este desastre?- Irrumpió Isabela, sabiendo que si seguían su primo se agarraría a los puñetazos con Derek. Mariano se tragó su rabia y se puso a limpiar con el resto.

Ya estaba amaneciendo cuando Escamoso volvió, montado en Bigotes. Si ya venía cansado y molesto de esta larga noche, cuando vio cómo quedó su casa terminó peor.

-¡No!¡Mi casa!- Gritó agarrándose la cabeza.

-Creo que fue culpa de esos dos Skulliones- Dijo Derek señalando a los dos cadáveres, acomodados en un rincón.

-Y hablando de Skulliones, ¿por qué hay de esos en la isla?- Preguntó Isabela- ¿No se supone que viven en su propia isla?

-Si bueno... Resulta que hubo complicaciones en la isla de los Skulliones.

Escamoso explicó que la isla de los Skulliones fue azotada hace poco por una enfermedad parecida a la rabia. Los dragones con esta enfermedad no solo salivan mucho, sino que también se vuelven extremadamente violentos e hiperactivos y dejan de sentir dolor, aparentemente. Sin embargo, no sobreviven más de cinco días. Llevaban a los dragones enfermos a la isla de los Marginados, pero debían hacer una parada de descanso en Berk o sino no llegarían. No se dijo nada al respecto porque no querían alarmar a la gente por unos dragones que solo estarían media hora o menos en el lado más alejado de la isla, así que prefirieron escusar el estado de alerta con la llegada de la Pesadilla Voladora. Sin embargo, tres de los dragones escaparon por accidente.

La siguiente pregunta que saltó fue por qué estaba montado en la Pesadilla Voladora, a lo que Escamoso respondió:

-Es mi dragón. Lo entrené en un viaje. Es la razón por la que me convertí en un estudioso de los dragones.

A continuación, el profesor los invitó cordialmente a retirarse se su casa. Mientras los entrenadores y sus dragones salían del lugar, Escamoso sacó su radio para avisar sobre la ubicación de los dos Skulliones desaparecidos.

Ya fuera de la cabaña, Isabela y Bigotes pudieron festejar su reencuentro, y entre mimos y abrazos, a Isabela se le subió un poco la ropa, mostrando un feo moretón en su espalda. Los hermanos preguntaron cómo se lo había hecho, e Isabela entonces se acordó del sonido hueco que hizo la piedra de la laguna, pero prefirió discutir eso más tarde con su primo así, que se limitó a decir que se cayó del dragón camino a la cabaña.

Los hermanos se despidieron y se fueron volando en su dragona con la luz de la aurora.

Más tarde en el día, mientras Mariano preparaba un asado para el almuerzo, Isabela decidió contarle lo de la piedra hueca. La historia no causó mucho efecto en ninguno de los dragones, pero sí despertó algo de curiosidad en Mariano.

Dentro de una caja podría haber cualquier cosa. Más si estaba escondida. ¿Quién sabe por cuanto tiempo habrá estado en esa laguna?

Sin embargo, antes de que Mariano pudiera emitir una respuesta, Pálido ya estaba rugiendo: "¡Se te va a quemar!¡se te va a quemar!".

-No, no se va a quemar- Le tranquilizó su entrenador, sirviendo los cortes en la mesa.

-Volviendo a lo de la caja- Dijo a su prima mientras se sentaba- No tengo problema en ir a investigar mañana o pasado.

Isabela sonrió y todos se pusieron a comer, con el sol del medio día, esperando que Pálido, por la forma en que comía, se atragante o se empache. Lo que pase primero.

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