FANDOM


-María, ¿por qué me mirás tanto?- Le preguntó Pálido a su entrenador.

-Estás engordando... Y crecés más de lo que un Terrible Terror crece- Le contestó Mariano con cara pensativa.

-Cierto. Los Terrores son del tamaño de un gato chico, pero vos te ves como un gato grande y gordo- Agregó Plateado.

A Marieno cada vez lo preocupaba más ese dragón; era de un color muy pálido, solo lanzaba unas pequeñas chispas, le contestaba en español, y ahora crecía aún más de lo que tendría que crecer.

-Tal vez tendría que llevarte a ver con Escamoso- Le dijo Mariano mientras lo acariciaba en el mentón.

-¡¿Qué?!, ¡No! No quiero ir con ese tipo. Es raro- Se quejó Pálido- Dicen que es cruel con los dragones.

-Dicen que dicen. Escamoso no es malo, solo tiene un humor muy negro. Además, le dicen así porque no se cuida la piel y la tiene más áspera que papel de lija.

Pálido no le hizo caso y salió volando, tirando varias cosas en el dormitorio. Mariano cerró rápidamente la puerta con llave y Plateado bloqueó las ventanas, cosa de que no se escape. El jinete agarró al dragoncito por la cola, pero este le clavó los dientes con fuerza en la mano para escapar. Luego, voló al techo y se aferró a la lámpara. Mariano se agarraba la mano que le sangraba, quejándose del dolor con débiles gemidos. Luego de unos segundos, tomó todas las llaves y llaveros que pudo encontrar, los juntó todos y empezó a sacudirlos. Pálido intentó resistirse pero cada vez se aturdía más por el ruido metálico, hasta que se soltó y calló al suelo. El entrenador lo agarró con furia del lomo y lo metió en su jaula. Luego, fue a tratarse la herida.

Justo en la entrada del criadero, cuando Mariano estaba a punto de entrar, otro estudiante sale de golpe y se choca con él. El chico le pidió disculpas, aunque su rostro se había vuelto bastante serio al ver con quién se había chocado.

-No importa- Dijo Mariano, igual de serio que el chico, pero con un aire más enojado. Luego entró al criadero. Dentro había un hombre, bastante alto, con unas cejas gruesísimas y un guante en su mano derecha, que intentaba atrapar un par de jóvenes Nadders.

-Hola Escamoso- Lo saludó Mariano, justo cuando este había atrapado a uno de los dragones. Escamoso giró la cabeza y dijo:

-Ahora sé por qué el aire se volvió tan tenso por un momento. Espero que no le hayas arrancado la cabeza a Santiago.

-Odio a ese tipo, pero no estoy tan loco como para hacer eso

- Le contestó el jinete con un poco de enojo- En fin, vine a preguntarte si no tenés alguna idea de por qué este dragón es tan... Distinto.

-Aparte de estar muy gordo para ser un Terror, ¿qué más tiene de raro?- Preguntó Escamoso mientras encerraba a los dos Nadders en una jaula.

-Casi ni escupe fuego y además habla español- Dijo él poniendo la jaula sobre la mesa. Escamoso lo miraba con ojos brillantes a Pálido, quien le devolvía un mirada nerviosa. El dragón sabía que lo que esperaba era que hablara, pero no quería hacerlo. Le tenía miedo. En lugar de eso, intentó atacarlo con fuego, pero de su boca solo salieron unas llamas débiles. Sin embargo, fueron suficientes como para prenderle fuego a las cejas del profesor.

-Dudo que quiera decirte algo si seguís así- Le dijo Mariano a Escamoso, que había metido la cabeza en un bebedero.

-Bueno- Empezó a explicar Escamoso, sacudiendo la cabeza como un perro- Descontando lo de si puede hablar o no, es probable que tu dragón sea una mutación o una subespecie de los Terribles Terrores.

-¿Y cuál es la diferencia entre ambos?

-Que la subespecie es una especie que desciende de otra, pero ambas especies se parecen mucho. En cambio, la mutación es cuando la cría de una especie nace con un error genético y resulta distinta a sus padres.

Escamoso abrió la jaula y tomó a Pálido diciendo que quería hacerle unos estudios. El dragón quería escapar pero lo tenía bien sujeto por las alas. Sin embargo, un milagro ocurrió para el pequeño dragón: un Cuernatronante entró rompiendo las puertas de un topetazo y empezó a destrozar todo. En la confusión, Pálido se soltó y se escapó.

Mariano intentó sujetar al Cuernatronante por la cola, pero el dragón lo lanzó contra la pared de un coletazo. Al mismo tiempo, Escamoso lo sujeta fuerte del hocico con los dos brazos, y en el segundo en que se tranquiliza, le rasca bajo la mandíbula para desmayarlo.

-¡Kayser!¡Dragón histérico!- Se escuchó a Santiago gritar.

-¡¿Qué le hiciste a tu dragón que está así?!- Le preguntó el profesor enojado a Santiago ni bien entró.

-No tengo idea- dijo el entrenador- Mordió a otro dragón en una pelea y luego se puso más histérico.

Extrañado, Escamoso le abrió la boca al Cuernatronante para revisarlo, pero no tardó nada en darse cuenta del problema. Era obvio.

-¡¿Cómo no te diste cuenta de esto al alimentarlo?!- Dijo furioso- ¡Tiene todas las muelas picadas!

Santiago no sabía dónde meterse. Siempre fue un chico torpe, pero nunca le gustó admitir sus errores.

Escamoso dijo que le arreglaría los dientes a kayser, pero él debía quedarse limpiando el desastre que hizo su dragón. Mariano, mientras, salió a buscar a Pálido.

El pequeño dragón volaba apurado al otro lado de la isla, donde los vientos eran mucho más fríos, porque sabía que Mariano era muy friolento, y que Plateado era un dragón de zonas volcánicas. Sin embargo, a medida que se iba acercando, más se arrepentía de su decisión; él tampoco soportaba mucho el frío extremo. Pero más miedo le tenía a Escamoso.

Cuando por fin llegó a la costa nevada del lado norte, lo primero que hizo fue buscarse un escondite para refugiarse del frío, los otros dragones y de los entrenadores, especialmente de Mariano y Escamoso. En los árboles y arbustos no podía estar porque el viento helado era muy fuerte y arruinaba los intentos del dragoncito de prender una fogata. Pero en las cuevas tampoco podía refugiarse porque muchas estaban ya habitadas por dragones muy territoriales.

El sol ya casi se había ido y Pálido decidió volver. Ya estaba débil y temblando del frío. Sabía que no podría aguantar hasta llegar un poco más al sur, así que se refugió en una grieta bastante grande que había en una roca. Allí se enrrolló sobre sí como un gato, y allí se quedó inmóvil del frío. Sin embargo, no sabía que lo estaban acechando.

Mientras tanto, Mariano y Plateado recorrían desesperados la isla buscando algún rastro de Pálido. En cierto momento, a Plateado se le ocurrió preguntarle a un Mortífero Nadder.

-- Contestó el Nadder- Creo haber visto un Terror gordo volar muy apurado hacia el norte.

-¿El norte?- Confirmó Plateado con cara de preocupación. Mariano lucía la misma cara ya que él podía entender el dragonés a pesar de no poder hablarlo.

De inmediato salieron volando al otro lado de la isla. Sin embargo, al llegar, tampoco duraron mucho. Como Pálido sospechaba, no soportarían el frío.

-No siento las alas ni la cola- Se quejó Plateado.

-N-no s-siento el c-cuerpo- Se quejó Mariano, tiritando- V-volvamos. N-nos moriremos de hi-hipot-tremia.

El dragón obedeció y voló a una zona más al sur, donde aterrizó y prendió una fogata para calentarse.

-¿Cómo haremos para encontrarlo?

-¿No podés rastrearlo con el olfato?

-Mi olfato no es muy bueno. Nececitamos...- Un potente rugido lo interrumpió. Era Kayser, el Cuernatronante, que en su lomo llevaba a su jinete, Santiago, y a Escamoso. El dragón aterrizó.

-¿Qué hacés acá?- Le preguntó Mariano a Santiago con un tono serio y una mirada fría.

-No fue mi idea venir- Le contestó Santiago de la misma manera- Escamoso dijo que mi castigo todavía no termina. Tengo que ayudarte a encontrar a tu Terror semi albino.

-No te preocupes que será solo por esta vez- Le tranquilizó Escamoso a Mariano, quien lo miraba con enojo- ¿Podrías pasarme su jaula para que Kayser capte su olor?

El entrenador desenganchó la jaula de la montura de Plateado y se la dio al Cuernatronante. El dragón la olisqueó de todos los ángulos posibles. Cuando hubo terminado, hizo una seña con la cabeza a su jinete y al profesor para que se subieran a su lomo. Antes de subirse, Escamoso tomó la jaula y le dijo a Mariano:

-No te preocupes. Volveremos con Pálido. Mientras, vayan a esperarnos en la cámara de incubación en el criadero. Ahí hace mucho calor.

Kayser abansaba a toda velocidad haciendo frente al viento helado. Escamoso había vivido muchos años ya en la isla, mientras que Santiago vivía en la Patagónia, por lo que ambos aguantaban bien el frío.

-¿Por qué tenemos que recuperar ese dragón?- Se quejó Santiago- Es un Terrible Terror. Abundan en todo el mundo como las palomas. ¿Por qué no se consigue otro?

-Porque este no es cualquiér Terror- Le explicó escamoso. Es más, es probable que sea otra especie en realidad... A parte, en algunos lugares ya no hay palomas. Los Terrores se las comen.

De repente un inmenso rugido se escuchó, y luego lo siguió otro. No tardaron mucho en descubrir que se trataba de una pelea entre dos dragones. Un Fantasma de Snoggletog y un Aullido Lanudo específicamente. Escamoso recomendó alejarse de ellos, pero Kayser aterrizó de golpe, tiró al suelo a sus pasajeros y se unió de inmediato a la pelea. El Fantasma y el Aullido parecieron ponerse incluso más furiosos de lo que ya estaban al verlo.

Kayser parecía no poder hacer otra cosa más que esquivar el granizo explosivo que le lanzaban, hasta que vio una oportunidad y le encajó un coletazo en la cara al Fantasma de Snoggletog que lo dejó atontado. Luego lo embistió para dejarlo fuera de combate.

El Aullido Lanudo por su parte fue un oponente más difícil; no bajó la guardia ni se confió tanto como el Fantasma. Y además, era demasiado rápido y ágil. Kayser no podía darle ni un solo golpe pero recibía todos los ataques que le daba.

Santiago, que se encontraba escondido detrás de unos arbustos junto a su profesor, se acordó que llevaba la jaula de Pálido. Entonces la tomó y la empezó a golpear contra un árbol. Ese ruido tan espantoso mareaba a los dos dragones, tanto que no podían mantenerse de pie. Pero cuando el ruido cesó, Kayser fue el primero en levantarse, y rápidamente embistió al Aullido con toda su fuerza, arrastrándolo varios metros por la nieve. El Aullido Lanudo hizo un esfuerzo por evantarse, pero de desmayó enseguida tras un débil gemido.

Santiago y Escamoso salieron de su escondite y fueron corriendo hacia Kayser, quien se había hechado en la nieve, jadeando de exháusto.

-¡Kayser!- Gritó su entrenador- ¿Por qué te lanzaste a una pelea así de repente?

El dragón señaló con la cabeza a unas piedras agrietadas y rajuñadas.

-¡Es Pálido!- Exclamó el profesor al revisar las grietas. Rápidamente tomó al dragón y lo metió en su jaula.

El pequeño dragón bostezó y abrió poco a poco los ojos. Se sorprendió mucho de encontrarse en la sala de incubación del criadero, junto a Mariano y Plateado.

-¿Al final me encontraron, María?- Le preguntó Pálido a su entrenador con tono de arrepentimiento.

-Nosotros no- Contestó Mariano- Fueron Escamoso y Kayser. A nosotros casi nos agarra necrosis.

-Espera- Interrumpió Santiago- ¡Yo también fui a buscarlo!

-Nadie cuenta al taxista.

-¡¿Pero al taxi sí?!

-¡Obvio que sí!¿Sino cómo dice uno que llegó a tal lugar?

Santiago no sabía qué contestarle, así que se calló y se quedó con la sangre en el ojo. Plateado y Pálido se reían por lo bajo.

De golpe, Escamoso entró por la puerta principal, emocionado porque había escuchado hablar a Pálido. El dragoncito se sobresaltó de verlo entrar tan repentinamente. Intentó salir volando pero no pudo, su ala le dolía y estaba vendada. Escamoso interpretó la confusión en su rostro y entonces le explicó:

-Cuando te encontramos en la grieta tenías un ala mordida. Había dos dragones peleando por comerte. Uno de los dos debió morderme.

-Parece que ahora no me darás tantos problemas para atraparte- Dijo Mariano con una sonrisa. Pálido lo miró enojado.

Santiago sentía algo de curiosidad por el dragón parlante, pero decidió preguntar más tarde. Él se fue junto a su dragón, diciendo que tenía otras cosas qué hacer. Solo despidió a Escamoso.

-Hablando de escaparse... Tendrás que traérmelo al menos una vez por semana. Quiero hacer un seguimiento de sus cambios, y también revisar su ala.

-Espera- Dijo Pálido sorprendido- ¿No vas a hacerme unas pruebas?

-Ya las hice mientras dormías- Le contestó riéndose. A Pálido se le helaron los nervios. El pobre dragón empezó a examinar desesperadamente su cuerpo, buscando alguna marca o algo extraño.

-No te preocupes que no te hizo nada raro- Le tranquilizó Mariano- Solo te pesó y te tomó las medidas.

La cara del dragoncito mostró alivio por medio segundo, pero luego estalló de la ira:

-¡Esas no son pruebas!

Escamoso se reía a carcajadas.

-Lo sé, pero quería asustarte un poco.

Pálido sintió la furia de un Pesadilla Monstruosa corriendo por su sangre. Su entrenador quiso encerrarlo en su jaula para poder irse, pero el dragoncido se negó; en cambio se subió a su hombro. El profesor tuvo un mal presentimiento, así que los saludó desde lejos. Mariano también cruzó hacia la puerta tratando de no acercarse a Escamoso. Sin embargo esto no sirvió de nada. Pálido había pegado un salto prodigioso directamente a la cara del profesor. Lo rajuñaba como gato rabioso, se le había prendido como una alimaña. Tardaron un poco en sacárselo de encima, ya que ninguno de los dos lo agarró con demasiada fuerza por miedo a hacerle mal en el ala rota.

En cuanto se lo sacaron de encima Mariano metió al dragoncito en su jaula, mientras escamoso fue corriendo a lavarse la cara.

-Sos muy violento para ser tan chiquto. Exclamó Mariano mientras se montaba en Plateado, a las afueras del criadero.

-Se lo tenía bien merecido. Contestó Pálido con rabia.

-Más te vale que no te vuelvas a comportar así la próxima vez- Le dijo él con tono firme.

-No prometo nada.

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.