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-¿Podés creer que estemos en la isla de Berk?

-Lo veo y no lo creo. Es realmente alusinante.

-Lástima que tiene fama de ser una isla para locos.

-Menos mal que hay de esos "locos" que quieren evitar que los dragones sigan siendo vistos como una amenaza.

-Sí... Cambiando de tema, ¿qué es lo que estamos buscando?

-Una oveja pintada de verde... Creo.

Luego de varios minutos mirando hacia abajo, dragón y jinete decidieron que sería mejor aterrizar y buscar la oveja en tierra.

-María, ¿por qué no me sacás de esta jaula y te ayudo a buscar esa oveja?- Le dijo Pálido, un pequeño y travieso Terrible Terror a su entrenador.

-¡No me digas "María", que mi nombre es Mariano!- Le contestó él enojado.- Además, no sos nada confiable. Seguro que nos harás dar vueltas por toda la isla.

-¿Yo?¿Engañarte?¡Nunca!

-¡Ayer te quejabas de un dolor en los dientes y cuando fui a revisarte me mordiste!- Le contestó él quitándose el guante para mostrarle su mano vendada.

El pequeño dragón solo se rió entre dientes.

De repente se escucha el balado de una oveja.

Mariano y Plateado, su dragón, corrieron ilusionados en la dirección donde provenía el sonido. Por un momento creyeron que habían completado la prueva, pero su ilusión duró poco; la oveja tenía un manchón amarillo, no verde.

Dejaron la oveja donde estaba y siguieron su marcha por el bosque.

Pasaron horas caminando sin encontrar nada. Mariano miraba cómo el último jinete pasaba volando con su oveja. Ahora él era el último que quedaba, perdido en el bosque.

-¿En serio no querés que te ayude?- Volvió a preguntarle Pálido. Mariano ya estaba cansado y harto de ver árboles y arbustos.

-Está bien, pero nada de trucos, ya pasaron tres horas desde que comenzamos a buscar.

Luego abrió la jaula, y Pálido voló y se sentó sobre la cabeza del entrenador. El dragoncito olfateó girando la cabeza en todas direcciones hasta que miró al norte y dijo:

-Es por ahí.

Luego de bastante tiempo, escucharon de nuevo un balado. Vieron por fin a la oveja con el manchón verde, pero estaba sobre una piedra rodeada por las cabezas de un Cremallerus Espantosus. El jinete y sus dos dragones se ocultaron detrás de unos arbustos.

-¿Por qué te escondes, María?- Le preguntó Pálido al jinete.

-¿No ves al Cremallerus? Esas cosas son muy rápidas para moverse y en sima venenosas.- Le contestó Mariano mientras pensaba en una manera de rescatar a la oveja.

Después de algunos minutos de silencio, Mariano por fin indicó el plan: Plateado distraería a la cabeza izquierda, la que expulsa gas, y Pálido distraería a la cabeza derecha, la que lanza chispas. Mientras, Mariano subiría a la roca y bajaría a la oveja. A ambos dragones les pareció buena idea.

-¡Eh, lagarto mal abortado!- Le gritó Pálido al Cremallerus. Ambas cabezas voltearon de golpe con una mirada furiosa hacia Pálido, y luego se avalanzaron hacia él.

-¡Te voy a comer viva, lagartija pálida!- Gritaron ambas cabezas.

Mariano y Plateado salieron volando de ahí, mientras Pálido revoloteaba de aquí para allá esquivando ambas cabezas. No era lo que su jinete esperaba, pero funcionaba igual de bien.

Mariano agarró a la oveja y salió volando. De paso, el pequeño dragón se metió de nuevo en la jaula de la montura antes de que el Cremallerus lo alcanzara.

-¡No vuelvo a seguir uno de tus planes, María!- Le gritó con rabia Pálido a su entrenador.

-No me tires la bronca a mi si fuiste vos el que se pasó con la lengua- Le contestó él.

-¡No huyas, lagartija!- Rugió el Cremallerus Espantosus, antes de envolver a todos en una nube de gas.

Plateado salió rápidamente de la nube antes de que explotara. Luego lanzó una bola de fuego a la cabeza izquierda, la cual explotó debido al gas en su boca. La otra cabeza se acobardó y decidió dejar de seguirlos.

-¿Los Cremallerus pueden vivir con una sola cabeza?- Preguntó Pálido.

-Sí... Pero tendrá algunos problemas... Muchos- Contestó Mariano, e hizo una pausa hasta que por fin dijo:- Pero lo importante es que tenemos la oveja.

Plateado aterrizó en un campo abierto lleno de animales de granja donde había un gran grupo de entrenadores y dragones reunidos.

-No lo diga, Sé que soy el último en llegar- Se anticipó Mariano a decirle a su profesor.

-Me leiste la mente- Dijo el profesor con una sonriza- A propósito, ¿qué fueron esas explosiones?

-Tuve algunos problemas con un Cremallerus Espantosus.

El profesor suspiró. Luego dijo:

-Estás aprobado... Pero a penas.

Mariano esbozó una pequeña sonriza por unos segundos. Luego dio media vuelta y se alejó con su cara seria de siempre, abriéndose paso entre la multitúd de entrenadores que se reían por lo bajo y le gritaban alguna que otra burla, hasta llegar a reunirse con su prima, Isabela, que estaba parada al lado de su Metamórfala, Bigotes.

-¿Por qué tardaste tanto?- Le preguntó ella.

No me estaba esforzando- Contestó él. Luego le propuso una carrera al Puntacuervo, ya que el día estaba por terminar. Acto seguido se montó en Plateado y salió volando. Isabela quiso detenerlo pero ya se había ido. Suspiró, se montó en Bigotes y salió a perseguir a su primo.

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